El militante que quise ser (reflexiones sobre el VII Congreso del PCC)

Quise ser militante del PCC desde que tenía quince años. Lo supe desde el mismo momento en que el Secretario General de la UJC de mi centro de estudios puso en mis manos, hace ya casi diez años, el carnet de militante de la Juventud Comunista.

Quise militar en el Partido de mi abuelo y de todos aquellos que como él forman (formaron) parte de la generación que consiguió los éxitos de lo que llamamos Revolución Cubana. Aquel adolescente quiso militar porque creía que solo militando allí se podría ser un buen revolucionario y un buen cubano. Quise militar porque creía que ese era el espacio idóneo para mejorar las cosas en el país. Continúa leyendo “El militante que quise ser (reflexiones sobre el VII Congreso del PCC)”

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¿Potenciales turistas o inmigrantes de baja categoría?

La semana pasada el sitio de noticias BBC Mundo publicó, en su artículo ¿Cuál es el mejor pasaporte de América Latina?, los resultados del Índice de Restricciones de Visa de la consultora Henley&Partners, el cual reveló el listado de los países cuyos ciudadanos tienen la posibilidad de visitar más países sin necesidad de solicitar visa. La distribución colocó, a nivel global, a Finlandia, Suecia y Reino Unido como los países cuyos ciudadanos pueden viajar a 173 lugares sin necesidad de un visado. Mientras tanto, a nivel de América Latina, son los argentinos los que más beneficios tienen (147), ocupando a nivel global el lugar 18. En el caso de Cuba, no sorprendió su ubicación, 66 a nivel global (61 países) y 16 a nivel regional, solo por encima de República Dominicana y Haití. Continúa leyendo “¿Potenciales turistas o inmigrantes de baja categoría?”

Un año después

A Monterroso y Reina María.

Marcia ha vivido rodeada de las anécdotas de los años en que sus padres estuvieron en la Unión Soviética. Creció escuchando historias sobre la vida en la universidad –“la Lomonosov” como le decían sus padres-, los fines de semana en el Park Kultury o los fines de años bailando con la música de Los Van Van en la embajada mientras afuera los termómetros descendían cual bolsa de valores en plena recesión. Su caligrafía, que muchos profesores admirarían por la calidad de su trazo, se forjó gracias a tantos fines de semana imitando la letra del título de maestría de su madre.

A diferencia de otras niñas de su edad, su lectura favorita no eran los libros infantiles sino los bellos y nostálgicos poemas que su padre le enviaba a su tía Mara, quien para aquel entonces estudiaba en una escuela al campo en Batabanó.

Marcia amaba los últimos domingos de cada mes, días que para ella eran los más alegres. En ese momento su casa se llenaba de la “familia rusa”, como cariñosamente le decía su papá, y que no eran nada más que los viejos compañeros de clase de sus padres, a quienes Marcia siempre ha llamado a cada uno como tío o tía y sus hijos siempre han sido sus primos.

Jamás sus padres volvieron a regresar a la Unión Soviética, un país que para cuando ella aprendió a descifrar las complejidades del mapamundi era más pequeño que antes y ahora se llamaba Rusia, pero siempre albergó la esperanza de visitar la tierra en la que sus padres se conocieron y en la que, quizás con un poco más de suerte, habría nacido y se sentiría aún más unida a ella. Para ella Cuba y aquella tierra eran sus dos patrias, dos lugares a los que había aprendido a querer. Uno desde la realidad de la dureza y el sacrificio familiar durante los años del Período Especial y el otro desde la añoranza de los viejos recuerdos e historias de sus padres. Continúa leyendo “Un año después”

La Cuba que heredo de mi abuelo

A veces siento envidia de mi abuelo. A su avanzada edad y en el ocaso de su vida sigue conservando la misma determinación que lo impulsó, casi a mi edad, a lanzarse a luchar por un ideal que iba en contra del status quo de la clase a la que él pertenecía. No era millonario, pero tampoco era pobre. Con 21 años y heredero de florecientes negocios en la barriada habanera de Santo Suárez, fue en contra de su propio padre y esquivando tiroteos, persecuciones, operativos y represión, se hizo clandestino y se hizo revolucionario. Siento envidia de ese hombre que a su edad todavía conserva, casi intacta, la fe por un ideal que todos conocemos como Revolución cubana, pero que él siempre ha considerado como una Revolución social y humanista.

Desde el mismo triunfo de 1959 lo dio todo por la Revolución en la que cree, desde entregar  tierras que legítimamente pertenecían al patrimonio de su familia a la Reforma Agraria hasta vestirse de miliciano y marchar hasta la zona de San José de las Lajas para defender a la naciente Revolución del peligro de una Guerra nuclear. A pesar de todo, incluso hasta de los cargos y responsabilidades que ocupó, jamás se ha considerado como un comunista. A su modo de ver, el proyecto de lucha al cual entregó su vida, y hasta sus pertenencias, es más que todo un proyecto humanista y social, cuyo centro es y debe ser el hombre y en segundo lugar la soberanía. Continúa leyendo “La Cuba que heredo de mi abuelo”

Paradojas y privilegios

paradojas blog
Leticia Fernández es profesora de Física en una escuela secundaria de la barriada habanera de Diez de Octubre. Tiene 57 años y es madre de tres hijos: Salomé, Jaime y Lucas, todos adultos. El más pequeño, Lucas, tiene 21 años.

A la profe Leticia la encontré el pasado sábado 16 de febrero en la tarde mientras hacia mi acostumbrada “cola” en un cajero automático para retirar dinero de la tarjeta electrónica.  Iba acompañada de su esposo, Walter Escobar, ingeniero en Sistemas Automatizados, transformado por estos días en chófer por cuentapropia.

Hacía tiempo que no hablaba con la profe. La última vez que la vi fue en la graduación mía y de Lucas, como bachiller, hace ya varios años. Dialogamos sobre varias cosas: mi experiencia laboral, mis estudios universitarios, el servicio militar de Lucas y hasta la mudanza de su apartamento en La Víbora por una casa antigua pero espaciosa en Calzada, en El Vedado habanero.

Le pregunté sobre Jaime y Salomé. Sobre el primero: “Está bien, contento y feliz”.  Las noticias de Salomé no me sorprendieron: “se encontró a un español seis años  mayor que ella y hace dos años vive en Bilbao“.

Me contó sobre el viaje de Salomé; el trabajo que le había costado revalidar sus estudios y que ahora estaba trabajando de recepcionista en una consultoría jurídica. Le pregunté si pensaba visitarla allá en España. Me contestó que ahora que entraron en vigor las actualizaciones a la política migratoria cubana,  tiene  planes de poder presentar su solicitud de visado de corta duración para ella y para su marido. Aunque que me comentó que tenia mucho miedo al proceso, no solo por las inmensas colas al frente de la embajada sino también porque conoce lo riguroso y exigente que es España en el asunto de la visas y que vieran en ella y a Walter como posibles “inmigrantes”.

Paradójicamente, para España, en Cuba hay un grupo “especial” de personas que al parecer no son posibles inmigrantes y tienen las puertas abiertas en todo momento para utilizar a la nación ibérica como  entrada (y bien grande) a Europa. Hablamos de los Paladines de la Democracia del Billete o como mediáticamente se les conoce: los disidentes cubanos. Continúa leyendo “Paradojas y privilegios”

Caraduras al aire

Por: Aurelio Pedroso

Eliécer Ávila y Yoani Sánchez durante el Festival Clic, en La Habana en junio de 2012
Eliécer Ávila y Yoani Sánchez durante el Festival Clic, en La Habana en junio de 2012/ Foto: El Colimador

Aún está en manos de los investigadores si fue en La Pinta, La Niña o la Santa María donde llegaron a la isla los primeros caraduras. Lo cierto es que por muy ignorante que sea un cubano –que hay pocos porque aquí todo el mundo sabe leer y escribir-, el término no le prestará ninguna confusión al más modesto de entendederas ni mucho menos le obligará a vérselas con un diccionario.

Caraduras los hay de izquierda, derecha, centro y de norte a sur en el comportamiento humano. No se necesita militar en ningún partido político, ni estar suscrito a ninguna tendencia religiosa, así como tampoco ser un defensor acérrimo de los perros callejeros o en medio de una borrachera matar un gato y hacerlo fricasé. Simplemente, para ser un caradura basta con tener la cara dura. Así de fácil.

Y escribo esto a la sazón de un par de noticias que he conocido. Continúa leyendo “Caraduras al aire”