El militante que quise ser (reflexiones sobre el VII Congreso del PCC)


Quise ser militante del PCC desde que tenía quince años. Lo supe desde el mismo momento en que el Secretario General de la UJC de mi centro de estudios puso en mis manos, hace ya casi diez años, el carnet de militante de la Juventud Comunista.

Quise militar en el Partido de mi abuelo y de todos aquellos que como él forman (formaron) parte de la generación que consiguió los éxitos de lo que llamamos Revolución Cubana. Aquel adolescente quiso militar porque creía que solo militando allí se podría ser un buen revolucionario y un buen cubano. Quise militar porque creía que ese era el espacio idóneo para mejorar las cosas en el país.

Hay gente valiosa dentro del Partido, siempre lo he creído. El militante medio es una persona comprometida pero realista, disciplinada pero crítica. Hace colas en las paradas de transporte, hace malabares para que su salario aguante, padece las privaciones económicas, tiene un familiar en el extranjero, ama su país. Es un cubano común aunque con un librito rojo.

Paquito es uno de ellos. No soy comunista como él, soy socialista. Lo tengo claro desde el día en que, por decisión propia, entregué mi carnet de militante de la UJC y renuncié a aspirar a ser militante del PCC. Sin embargo, no estoy muy lejos de sus ideas e inquietudes. Lo comprobé cuando leí e hice míos sus cuestionamientos acerca de la falta de debate de los documentos del VII Congreso. Si hubiese sido militante del PCC hubiese querido ser como él.

Y es que el Congreso que se inaugura este sábado se abre con el fracaso de no haber impulsado el debate popular de sus documentos. Estoy seguro que hay militantes medios entre los delegados, gente útil, con capacidad de representar. Pero el futuro del país no puede estar en manos de unos pocos. Es una falencia democrática y un retroceso con lo que significó el VI Congreso, más allá de que hubiera aspirado más de los Lineamientos y mejoras políticas.

No bastan los editoriales ni los programas explicativos. Los cubanos debemos saber lo que se discute y se habla, debemos opinar (incluso quienes no militamos), debemos tener acceso a los documentos; y los militantes, esos que deben sentir al Partido como patrimonio, deben conocer quiénes son sus representantes. Mientras esto no pase, será un congreso incompleto.

cuba-conferencia-pcc
Un Congreso para sus militantes y para Cuba. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate

Según se ha conocido serán cuatro las comisiones del Congreso, todas ellas vinculadas a la economía. No obstante, el Congreso que sus militantes y Cuba se merecen tiene que tocar aspectos de la realidad social cubana: el racismo, el riesgo de desigualdad social que puede generar –y genera- la actual política de apertura económica, la emigración (sobre todo de jóvenes), la reforma constitucional o la urgente aprobación de derechos para las personas LGBTI que tanto ha clamado Paquito desde su bitácora.

El militante que quise ser hubiera tenido las mismas dudas que tiene la persona en la que me convertí. Hubiera dicho en su núcleo las mismas cosas que he dicho ahora, hubiera luchado porque sus palabras no fueran víctimas de las polillas devoradoras de actas de asambleas. El militante que quise ser hubiese querido ver más jóvenes en el congreso (35 de 1000 delegados).

Pero no me convertí en ese militante, mas no me arrepiento. Hoy soy más revolucionario de lo que quise ser y más cubano. Soy igual que ese militante medio que seguirá todo lo que pase en el Congreso pero que al final seguirá teniendo la sensación de que se pudo hacer mucho más.

Anuncios

7 comentarios en “El militante que quise ser (reflexiones sobre el VII Congreso del PCC)

  1. El futuro de Cuba está seguro porque hay generaciones jóvenes que no quieren quedarse calladas ni dejar que su opinión sea ignorada. Y es bueno comprobar cada vez que te leo a ti y a otros como tu. Bendito este post, por el debate y la sinceridad.

  2. Hay una cosa en la que no coincido y es la forma de hacer las cosas. Si hay algo que entendemos que está mal, la mejor forma de cambiarlo es (al menos para mí) desde adentro.
    Esa fue la razón por la cual Martí después de haber organizado la Guerra del 95 vino a luchar. Lo mismo hizo Fidel en el 56, pero tb hay ejemplos fuera de Cuba (Mandela, Gandhi)
    Por eso cuando Manuel Zelaya no aterrizó en su país cuando el golpe de Estado y posteriormente decidió refugiarse en la embajada de Brasil pensé que no era la mejor manera de enfrentarse al problema…y el tiempo parece que no le dio la razón.
    En cualquier caso lo que digo es que si hay que cambiar algo; la mejor manera es estando ahí y haciendo ahí donde queremos mejorar, modificar, revolucionar. Desde afuera si bien pudiera ser mas fácil, también debe ser mucho menos efectivo lograr el efecto deseado.

    1. Ante todo gracias por el comentario.

      Estoy de acuerdo contigo, la mejor forma de cambiar las cosas es desde adentro. Es la mejor forma de poder participar y de poder contribuir. Yo jamás he dicho que no siga “adentro” porque aunque actualmente resido fuera de Cuba sigo estando dentro y dentro quiero seguir trabajando porque quiero regresar y apoyar mucho más en mi país, sobre todo trabajando, aportando, debatiendo y formando nuevas y mejores generaciones. Sin embargo, me salí de la Juventud y decidí no entrar en el partido más por cuestiones ideológicas y políticas. No quise militar en donde hay una ideología que no comparto (el marxismo-leninismo) y por coherencia lo deje.

      Cuando exista un espacio, afín ideológicamente a lo que pienso, pues yo estaré ahí. Mientras tanto, trabajando por Cuba, por ella siempre desde adentro.

      1. La ideología maxista-leninista es probablemente lo menos claro que tengan la mayoría de los militantes (tanto del PCC como de la UJC) y no creo que se conozca a fondo todo lo desarrollado por Marx, Engels, Lenin o Luxemburgo.
        El espacio “ideológicamente afín” no tenemos que esperar a que se cree, lo crea uno mismo con el quehacer diario, poniendo siempre por delante el hacer bien y cuidar a los mas desfavorecidos. Bajo ese principio actua en teoría la Iglesia y el gobierno de Cuba, que dicho sea de paso es de caracter laico. Ser o no del PCC o la UJC no es tan importante en sí, como creo que yo ser religioso o no tampoco. Lo importante tratar de cambiar (y lograr cambiar) aquello que esté mal.
        Si el PCC o la UJC funcionan mal o se hacen cosas que afectan a la mayoría de los intereses de los cubanos; la solución no es enajenarse de dicha organizacion, sino todo lo contrario: luchar en ella por cambiar todo eso que sus mismos militantes dicen que no tiene solución y resolverlo.

  3. Puro “Síndrome de Estocolmo”: me pegan pero algunos son buenos. El 7mo. Congreso es la 7ma. Mentira, porque si lo prometido en los seis anteriores no se ha cumplido y el país sigue creciendo como la cola de la vaca, hacia abajo, poca importancia tiene que se cumpla o no la pantomima de los congresos anteriores de realizar “discusiones controladas” de los documentos.

    Esos ancianos que se han mantenido por más de 57 años mandando a su antojo todo los que se mueve en el país y siempre quieren aparecen como que no son culpables del desastre económico y la miseria que sufren los cubanos, ya hace tiempo no tienen credibilidad alguna. Tener en cuenta que 57 años es la mitad del tiempo transcurrido desde Cuba es una república, eso borra cualquier “hacerse el sueco” en cuanto a la responsabilidad del desastre.

Expresa tu opinión en un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s