Las “buenas intenciones del embargo”


Hace unos días, Antony Binken, Subsecretario de Estado de los Estados Unidos, hizo varias declaraciones al diario español El País. En una muestra de total desconocimiento histórico o de cinismo y prepotencia política, una de las figuras más importantes de la Casa Blanca afirmó, sin medios términos, que “el embargo tenía buena intención”.

Considerando innecesario cualquier comentario, la mejor manera para analizar dichas “buenas intenciones” se puede encontrar en los mismos archivos históricos del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

En un memorando titulado “The decline and fall of Castro”[1], con fecha 6 de abril de 1960, es decir, antes de las “grandes nacionalizaciones” que supuestamente, según algunos expertos, justificarían el “embargo” norteamericano cual retorsión contra Cuba, el Subsecretario de Estado para los Asuntos Interamericanos Lester Mallory inspiró las primeras medidas contra la triunfante Revolución cubana que se concretizaron en la suspensión de la cuota azucarera por parte del Presidente Ike Eisenhower y que en los años y décadas siguientes culminarían finalmente en el bloqueo contra el pueblo cubano.

A continuación el texto íntegro del memorando. Ay, los norteamericanos y sus buenas intenciones.


Salient considerations respecting the life of the present Government of Cuba are:

  1. The majority of Cubans support Castro (the lowest estimate I have seen is 50 percent).
  2. There is no effective political opposition.
  3. Fidel Castro and other members of the Cuban Government espouse or condone communist influence.
  4. Communist influence is pervading the Government and the body politic at an amazingly fast rate.
  5. Militant opposition to Castro from without Cuba would only serve his and the communist cause.
  6. The only foreseeable means of alienating internal support is through disenchantment and disaffection based on economic dissatisfaction and hardship.

If the above are accepted or cannot be successfully countered, it follows that every possible means should be undertaken promptly to weaken the economic life of Cuba. If such a policy is adopted, it should be the result of a positive decision which would call forth a line of action which, while as adroit and inconspicuous as possible, makes the greatest inroads in denying money and supplies to Cuba, to decrease monetary and real wages, to bring about hunger, desperation and overthrow of government.

The principal item in our economic quiver would be flexible authority in the sugar legislation. This needs to be sought urgently. All other avenues should likewise be explored. But first, a decision is necessary as to the line of our conduct. But first, a decision is necessary as to the line of our conduct. Would you wish to have such a proposal prepared for the Secretary?


[1] Disponible en https://history.state.gov/historicaldocuments/frus1958-60v06/d499


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4 comentarios en “Las “buenas intenciones del embargo”

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