Reflexiones sobre el cambio en Cuba: representatividad, gobernabilidad y democracia popular


Hace algunos días, en una carta publicada en el blog de Silvio Rodríguez (Segunda Cita), el destacado intelectual cubano Aurelio Alonso, premio nacional de Ciencias Sociales 2013, brindó su opinión acerca de un interesante artículo publicado el pasado mes de febrero en el blog de La Joven Cuba. Tanto Aurelio como Cubanum, nombre del autor del post en La Joven Cuba, llaman la atención hacia la necesidad de una impostergable reforma en el ámbito político en Cuba, con especial acentuación en la necesidad de que los cubanos contemos con un Parlamento más democrático y representativo así como una mayor transparencia en el ejercicio de los cargos públicos. Suscribo ambas opiniones, las cuales con una lucidez tremenda en sus planteamientos, son mucho más útiles frente a otras ideas que pugnan por un modelo de cambio “exprés” o una transición “a la española”.

Todo “cambio” pasa primeramente por una revisión del modelo de democracia popular socialista, el cual tiene como centro al poder popular desde la base (a nivel de consejo popular) hasta la Asamblea Nacional, que según el artículo 69 de la Constitución “es el órgano supremo del poder del Estado” además de representar y expresar “la voluntad soberana de todo el pueblo”. En la arquitectura democrática cubana, el delegado municipal, constituye la piedra angular sobre la que se sostiene dicho sistema, pero en la práctica, el ejercicio del poder en Cuba se ha alejado cada vez más del nivel local lo que ha traído consigo en la disminución del poder que el delegado tiene en su ámbito local; precisamente el próximo 19 de abril  tendrán lugar las elecciones parciales o intermedias las cuales elegirán a los delegados a las Asambleas municipales del Poder Popular.

El Poder Popular, investido por la Constitución como máximo representante de la soberanía nacional, se ha visto relegado por el poder del Partido, quien hoy regula y controla el ejercicio del poder desde el nivel municipal hasta las más altas instancias del poder político en Cuba. El propio Alonso no descarta en considerar a este como uno de los principales problemas al considerar que dicha organización política no debe estar investida de un “mandato imperativo” que, según él,  interferirá “con el Estado y, en consecuencia, con toda posibilidad de establecer un verdadero poder popular”.

Poner punto final a la confrontación del poder partidista Vs el poder popular es quizás el desafío más grande ante el reto de la renovación política en Cuba, el cual tendrá su clímax en febrero de 2018. Es por ello que todo proceso de cesión de protagonismo al Poder Popular pasa por el replanteamiento del papel del Partido dentro de la sociedad cubana y por ello de una revisión del artículo cinco de la Constitución, el cual resta poder e importancia al artículo tres de la Carta Magna.

Todo proceso de cesión de protagonismo al Poder Popular pasa por el replanteamiento del papel del Partido dentro de la sociedad cubana. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate
Todo proceso de cesión de protagonismo al Poder Popular pasa por el replanteamiento del papel del Partido dentro de la sociedad cubana. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate

El debate no está en la pertinencia o no de que se establezca en Cuba un sistema pluripartidista sino en el fortalecimiento del poder de las instituciones públicas frente al poderío que el Partido ha concentrado.  El PCC, cuyo poder algunos comparan quizás con aquel Leviatán descrito por Thomas Hobbes, debe ceder su poder a instituciones que constitucionalmente cuenten con la función de representación del poder del pueblo y de la soberanía nacional.

Todo cambio comienza por lo que el Partido pueda hacer dentro de sí mismo. Raúl Castro, durante su discurso de clausura de la Primera Conferencia del PCC en enero de 2012, llamó a fomentar la democracia interna dentro de dicha organización como forma de “promover la mayor democracia en nuestra sociedad”. A pesar de todo, su discurso de renovación al interior del PCC, muy diferente al de años anteriores, aún no se ha expresado en cambios tangibles dentro del Partido y la sociedad.

En otro espacio de su carta, Aurelio Alonso muestra su preocupación sobre la necesidad de que el presidente del Consejo de Estado, quien en la práctica es presidente de la República, pase por las urnas y sea electo por las mayorías. Su pedido, que no es más que una vía de involucrar aún más a las personas en la elección de su máximo representante, reviste una gran importancia ante el desafío de que quizás una vez culmine el actual mandato de Raúl Castro la persona tenga que ganarse dicha puesto no por el mérito de glorias pasadas sino por la confianza que sea capaz de despertar en el pueblo. Sin embargo, la clave no está en el elegir (puesto que presidencialismo no quiere decir democracia) sino en auditar y controlar a los políticos, exigirles a responsabilidad política por cada uno de sus actos así como promover la transparencia en la gestión pública.

Ahora que se prepara una reforma de la actual Ley Electoral la cual se compaginará con una revisión de la Constitución y con el desafío de renovación que vendrá a partir de 2018, las ideas de Alonso y las observaciones de Cubanum deben colocarse dentro del grupo de temas que conforman el análisis de la sociedad cubana que queremos construir. Si en el pasado palabras como revolución, socialismo o soberanía representaban el abc guía del naciente proceso, ahora, ante el desafío impostergable de la renovación, el cambio y la modernización, las nuevas palabras son representatividad, gobernabilidad y democracia popular.

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2 comentarios en “Reflexiones sobre el cambio en Cuba: representatividad, gobernabilidad y democracia popular

  1. El mayor truco que permite la permanencia de la misma claque en el poder y su “reelección” asegurada de por vida, es la Ley Electoral vigente. Quienes se tomen el trabajo de leer los artículos que regulan lo que hacen las llamadas “Comisiones de Candidatura” podrán comprender como se cocina el potaje con un tripe filtro que impide que nadie, fuera de los “electos” por el dedo de los dirigentes del PCC accedan a cargos públicos de relevancia.

    Por lo establecido en dichos artículos y en la práctica electoral cubana, un reducido grupo de personas, pertenecientes todas al PCC y obligados a su disciplina partidista, son los que confeccionan las listas de “candidatos” que por demás son listas cerradas y el proceso de “selección” es dirigido por el máximo jefe del PCC al nivel municipal, provincial o nacional según sea el caso.

    Por ello, en la “elección” de los miembros de la Asamblea Nacional, del Consejo de Estado y de los Presidentes de ambas instituciones, el dedo de Machado Ventura, que es el que dirige la orquesta de proponedores, es mas poderoso que los millones que pueden votar para elegir un Delegado de Circunscripción, que ningún poder real tiene y ahí mismo termina la tan cacareada “democracia” de las elecciones cubanas.

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