Oposición en Cuba: tender puentes en pro de la reconciliación


Entre el 6 y el 8 de marzo tuve la oportunidad de ser invitado al evento “Fe religiosa, institucionalidad nacional y modelos sociales” que, organizado por la revista Espacio Laical, nos invitó a pensar en los desafíos para la construcción de la sociedad a la que aspiramos y en la que concurrimos diferentes personas con gran variedad de ideas, algunas en ocasiones no coincidentes. Agradezco al equipo de la revista, en especial a Roberto Veiga y Leinier González (editor y viceditor respectivamente), por la oportunidad de haber sido invitado y agradezco la oportunidad de que varios jóvenes blogueros como yo fuéramos invitados y tuviéramos la oportunidad de ser escuchados.

Gran variedad de temas fueron tratados durante el evento, pero de entre ellos algunos valen la pena ser utilizados como caldo para el análisis al que se encaminará mi artículo.

Quiero dirigir mi análisis al polémico tema de la oposición en Cuba, creo que uno de los temas más tocados durante todo el desarrollo del evento. En múltiples ocasiones, tanto en debates con contemporáneos así como en otros espacios, algunos públicos otros privados (aunque nunca directamente en este blog), he expresado mi convicción y apoyo a la necesidad de la existencia de una voz “diferente” que rompa con el esquema de único pensamiento oficial en que se encuentra el sistema político cubano. Siempre he dicho que la existencia de una oposición en Cuba no solo permitirá el libre ejercicio del humano derecho a la libertad de asociación y de pensamiento sino que también ayudará a la construcción de un mejor país desde el concurso de una opinión diversa que pueda ayudar a que el gobierno en el poder, sea quien sea, pueda evitar sumirse en una dictadura de las mayorías sobre la minoría y construir un país donde se cumpla la máxima martiana de una “República con todos y para el bien de todos”.

Reconozco -y bien fue señalado durante algunas ponencias en el evento así como en los debates de los participantes- que el actual marco constitucional regente en el país poca o nula oportunidad brinda a la existencia de un pensamiento “no oficial” y que de cierta manera condena al limbo legal a aquellas organizaciones, movimientos e incluso partidos políticos que no compartan la visión oficial, en este caso comunista, que actualmente impera en el país. El camino hacia la construcción de ese país inclusivo debe llevar hacia la reforma constitucional y la creación de un marco para la participación real y autodidacta de nosotros los ciudadanos cubanos en la política cubana.

Concuerdo con la duda del profesor y jurista Julio Antonio Fernández acerca de si la construcción de ese marco deberá ser mediante una reforma total o de una reforma parcial de nuestra Ley de leyes; no obstante, lo que si es cierto que tanto la constitución de 1976 como sus reformas de 1992 y de 2002 piden a gritos una revisión. Todo ejercicio de reforma constitucional deberá realizarme mediante la convocatoria a una Asamblea Constituyente en la que se vean representados todos los sectores, tanto oficiales como opositores así como el sector de la sociedad civil, en un marco de respeto, civismo y verdadera democracia popular. Coincido con algunos de los planteamientos acerca de que para construir ese proceso podríamos mirar algunos ejemplos de la nueva oleada de constitucionalismo latinoamericano.

La revista Espacio Laical en su suplemento digital No.2451 de febrero de 2014 divulgó dos trabajos, de autoría de los intelectuales Roberto Veiga y Leinier González, acerca del término de “oposición leal”. Sus análisis, con los cuales coincido mayoritariamente, levantaron una interesante y rica polémica que vino acompañada de los artículos de los también intelectuales Haroldo Dilla2, Armando Chaguaceda3 y Rafael Rojas4, cada uno desde su propia y bien diferente forma de pensar.

Gran parte de las discusiones se derivaron acerca de lo controversial del adjetivo “leal” por encima del sustantivo “oposición” que, como bien lo expresó Dilla, “la esencia radica en lo primero y los matices en lo segundo”2. Sobre esto, Veiga, en su artículo, describió el término de oposición leal como:

“…una oposición leal estaría llamada a desempeñar su papel político interno de una manera particular, fresca, patriota. Su interés no podría ser exclusivamente  el poder, aunque le interese el mismo, sino el servicio a toda la nación, incluso a quienes posean dicho poder. No debe considerarse, sobre todo, como enemiga de quienes desempeñan el gobierno, sino como un complemento de estos, pues juntos están llamados a compartir el país y a construirlo mancomunadamente. El gobierno, por su parte, debería aceptar que esa oposición no es enemiga del Estado porque no lo es del país. Por el contrario estaría constituida por cubanos que difieren del punto de vista oficial, pero ponen a Cuba y el interés público por encima de cualquier otra consideración”1

A lo contrario de quienes han divergido con la idea defendida por González, considero que es sano apelar a una oposición que, lejos de tener lealtad con X ideología, base su lealtad hacia el imperio de las leyes y la soberanía y autodeterminación nacional. Pienso que es cierto que la palabra “lealtad” encierra, etimológicamente, una interpretación bien variada y coincido que bien podría ser erróneamente asumido como una oposición que asuma roles colaboracionistas y hasta de validación al servicio del poder oficial. Es por ello que creo que sería mucho más sano y hasta conciliador apostar por interpretar el concepto de Leinier en el llamado a una oposición netamente cubana. El llamado a la “Cubanidad”, que debe repercutir en un respeto ciego hacia la autoridad de los cubanos y de sus instituciones –siempre que estas sean completamente democráticas y participativas-, deberá no solo quedar restringido hacia la oposición sino también al gobierno, definiendo reglas claras que no permitan la sumisión ni la dependencia a intereses extranjeros, sean de donde sean.

Soy consciente de que lograr para lograr la existencia de ese marco de “Cubanidad” y de completa y autónoma participación política debemos apelar a la reconciliación mutua entre cada uno de los bandos de la esfera política cubana, dentro y fuera del territorio nacional. Aunque existen varios modelos, como el español, el argentino o el chileno, creo que el modelo hacia la reconciliación de la nación cubana debe apelar a dos frentes: el primero, el perdón entre hermanos que como bien expresó Leinier González y que parte de la raíz cristiano-católica (la cual suscribo): “el otro” no debe ser visto como un enemigo que debe ser aniquilado, sino solo como un adversario con el cual resulta legítimo tener tensiones y discrepancias, y con el cual existe el imperativo de tejer consensos, siempre y cuando sea posible1; la segunda, la creación de una Comisión de la Verdad, que tome como ejemplos los casos de Argentina o Uruguay y más recientemente el caso brasileño, y que apueste a la satisfacción de los pedidos de justicia y verdad que de uno y otro lado se suceden y se han acumulado durante años.

Dicha oposición “cubana” o “de la Cubanidad” deberá despojarse del colaboracionismo y hasta defensa férrea a la existencia de mecanismo ilegales y violatorios del Derecho Internacional como la Ley Helms-Burton y el Bloqueo (Embargo) que los Estados Unidos ejercen sobre Cuba y que ha sido reiteradamente condenado por la gran mayoría de los países miembros de la ONU. Considero como valeros los conceptos esgrimidos por el destacado politólogo cubano-americano Arturo López-Levy quien en varias ocasiones, incluido durante el evento de Espacio Laical, ha defendido la tesis de no apostar ni cooperar por fórmulas neoplattistas como es el caso de la política injusta e inhumana que los Estados Unidos ejercen sobre Cuba. Como bien lo definió López-Levy, el empeño de lograr cambios económico-políticos en Cuba no debe hacerse mediante medidas coercitivas, pues, recordando aquel histórico suceso en que congresistas norteamericanos se acercaron al entonces constituyente y patriota cubano Salvador Cisneros Betancourt en referencia a la injerencista Enmienda Platt (y que regularmente gusta de citar López-Levy), para que quiten el bloqueo (embargo) no se debe conceder o negociar nada, o como bien dijera Cisneros Betancourt, Nothing!5

No se trata para nada de poner precondiciones para el diálogo entre uno y otro bando, pero si es sano que, a la par de que el Gobierno y el poder político actualmente en el poder debe apostar por un mayor y amplio margen democrático y participativo, la oposición, en especial sus líderes, deben dejar de esquivar el asunto del bloqueo o embargo y apostar por una completa defensa del derecho de los cubanos a decidir, desde la democracia y la participación total y limpia, los destinos y rumbos de la Nave Cuba6, como bien lo definiera Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal, y a quien gran mayoría de los presentes tuvimos presente en cada uno de los instantes de debate alrededor del evento “Fe religiosa, institucionalidad nacional y modelos sociales”.

Sirvan las jornadas acontecidas como ejemplo y guía hacia la construcción de un nuevo marco de disenso y debate franco y democrático de ideas y que sirva para crear las necesarias bases para el perdón, la reconciliación y el reencuentro de la nación cubana. 


1 Suplemento Digital No. 245. Revista Espacio Laical. http://espaciolaical.org/contens/esp/sd_245.pdf

2 Dilla, Haroldo: “¿Oposición leal a Cuba?” http://espaciolaical.org/contens/publicacion/libro4/1_oposicion_leal_en_cuba.pdf

3 Chaguaceda, Armando: “Cuba: los candados de la lealtad” http://espaciolaical.org/contens/publicacion/libro4/2_cuba_candados_de_lealtad.pdf

4Rojas, Rafael: “¿Cómo se construye una oposición leal en Cuba?” http://espaciolaical.org/contens/publicacion/libro4/3_construye_oposicion_leal_cuba.pdf

5 “Cuba: independencia, economía mixta, República democrática y Estado de bienestar”. Entrevista a Arturo López-Levy. Revista Espacio Laical. No.1 (2013) p.17

6 Monseñor Carlos Manuel de Céspedes García-Menocal. Versión corregida (2013) del prólogo para el libro de autoría múltiple “Cuba Hoy. ¿Perspectiva de cambio?” http://espaciolaical.org/contens/esp/sd_244.pdf

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26 comentarios en “Oposición en Cuba: tender puentes en pro de la reconciliación

    1. Para nada Matías, siempre lo he dicho y lo he defendido, en Cuba estamos lejos de tener una dictadura pues en primer lugar sería ofender a algunos países que si vivieron en una como Chile, Argentina o Brasil. Pero si creo que estamos lejos de tener el país perfecto.

    2. Repito mi pregunta que no se porque salio arriba.
      En cuba si hay una dictadura y totalitaria. En que radica la diferencia como sistema politico entre la dictadura cubana y las que mencionas?

  1. Sencillamente genial, es de las mejores cosas que he leído en tu blog Yohan y estoy de acuerdo con algunas de las cosas que has señalado. Si creo que deberíamos avanzar hacia la reconciliación y la participación de todos los cubanos. Me hubiera gustado que profundizaras en algunas cosas que, a tu modo de ver, debería hacer el poder político cubano actual, como por ejemplo el tema del Partido y el Gobierno o el tema de la Ley de Asociaciones.

    Por todo lo demás de acuerdo. Me sorprende que tan joven, tienes 23 años, tengas una claridad y una madurez envidiable.

    1. Javier: si es cierto que debí haber tocado con más profundidad algunas de las cosas que sugieres, en otro artículo quizás los toque porque si algo es cierto que aún queda mucha tela por donde cortar. Un abrazo y gracias por la fidelidad y por los elogios, los cuales creo inmerecidos.

  2. Es que es muy díficil poder buscar el entendimiento entre uno y otro bando, muy díficil, sobre todo cuando, cada uno ha sufrido y ha puesto su cuota. Si creo, y coincido con Matías en que confunde un poco el asunto de la dictadura, aunque bueno, yo soy lectora tuya desde casi el principio de tu blog, estoy claro de que no piensas eso.

    Me alegra mucho que Espacio Laical siga invitando a todos los cubanos, desde la diferencia de cada una de las formas de pensar, a construir una mejor Cuba. Saludos para ti y para toda la tropa de blogueros que te acompañó.

  3. macho, según lo que te leo, lo que planteas se convierte en una claudicación total a lo que se ha defendido por más de 50 años, por más de 150. Si quieres podemos debatir más del tema. Sería bueno que tuviera yo la certeza de en qué solidez conceptual basas ciertas afirmaciones, así como la tranquilidad de saber que dominas las causales, propósitos y rgumentos de lo que cuestionas y das por obsoleto.

    Slds

    1. Cubanauta, que bueno verte por acá, ya me preocupaba por ti jejejeje… Parece que andas preocupado por mi, te veo que necesitas tener la tranquilidad.

      Acá no se llama a claudicar nada, porque durante 50 años, con sus errores e imperfecciones, se ha construido un proceso revolucionario que también ha tenido éxitos. La reconciliación y la participación de una oposición realmente cubana no es el llamado a claudicar nada, sino el llamado a ir hacia más y avanzar hacia un nivel superior, con más participación y una democracia profunda.

      1. ¿Será que en las condiciones de hoy es concebible una democracia en la que cobre validez las “ideas” de Rafael Rojas o Haroldo Dilla?

        ¿Será posible conciliar su versión del Ché con la nuestra?

        ¿Somos nosotros quienes debemos reescribir nuestra historia?

        ¿Conoces su opinión sobre los logros de la Revolución o sobre la incidencia del imperialismo en el freno o retroceso de esos logros?

        Martí llamó a hacer una república con todos y para el bien de todos, pero tampoco dudó en calificar un acto de apóstasía.

        No creo que pretendas desconocer que su “Proyecto de Cuba” no está ajeno al trazado desde la Doctrina Monroe, que, más que eso, le es funcional, afín, cómplice.

        Me preocupa sí, que un joven con tantas inquietudes intelectuales y políticas por el futuro de su patria no tenga posibilidad -porque estoy seguro de que interés sobra- de encontrar respuestas den todas las partes, y, en tal sentido, me ocupo.

        Siempre encantado de dialogar contigo,

        1. Con el respeto que mereces, no te equivoques mi querido Cubanauta. El hecho de que mencione Dilla o hasta Rojas, no significa que esté de acuerdo con sus ideas y con sus planteamientos. Apostar a ello seria apostar a la desmemoria. Bien sé yo cada una de las cosas que en tantos años de Revolución hemos construido en Cuba y a pesar de la edad, para nada soy una mariposa, ingenua e inocente que puede ser cazada por cualquiera. Tengo mis ideas, algunas entran en contradicción con algunos conceptos oficiales, pero soy igual que los que me precedieron, como los jóvenes que murieron o los jóvenes que hoy ya son ancianos, quienes se cuestionaron y se preguntaron por el presente, cuestionaron a sus mayores y construyeron el futuro. La Revolución la hicieron los jóvenes y de las imperfecciones y la “inmadurez” se cambió la historia, eso no se olvida.

          No temas por mi, teme más por aquello que no tienen una forma de pensar, que no tienen donde expresarse o que se mantienen indiferentes, esos, a la larga, son los que necesitan ser salvados.

          Igualmente es un placer hablar y dialogar contigo.

  4. Yo no cuestiono tu forma ni inqueitud para y producto de, más que el derecho, el poder y el deber de pensar. Más bien soy reacio a la idea de comulgar en cuetiones formales con quien tiene, en esencia, propósitos irreconciliables conmigo.

    Te recomiendo dar una ojeada a http://www.rebelion.org/noticia.php?id=181921&titular=la-guerra-cultural-en-cuba-

    Hay un punto donde es también deber revolucionario preguntarse a qué interés beneficia mi proceder y, en tanto, dónde situar mi verdadera trinchera y hacia qué y de cuál lado plantar bandera. Recuerda la máxima martiana: “No debe hacerse de la pluma arma de satírico, sino espada de caballeros”.

    Como tú, quiero una Cuba cada vez mejor, más cercana a lo que tantos queremos. Pero reconozco en el ansia imperial un impedimento brutal, una guerra sin tregua, un afán de solamente destruirnos.

    El empleo de estas “nuevas” terminologías de “oposición leal” es tan antiguo, al menos en Cuba, como lo fue la microfracción de los años ´60, a pesar de que su influencia viniera de otras latitudes. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=91743

    Sería poco responsable desconocer su propósito de iniciar el proceso de desmontaje del Socialismo en Cuba desde abajo, no desde lo controntacional, no desde la bota y el águila, sino precisamente desde el punto neurálgico de nuestra fortaleza: por la división entre la dirigencia de la Revolución y los militantes del PCC y los jóvenes -y no tan jóvenes- como tú que no han podido -tal vez-, sabido, querido, ver la importancia de la unidad en el continuo proceso revolucionario desde 1968. Esta es la apuesta que les resta hoy los ideólogos de la guerra contra Cuba, a esos que complementan el garrote, a las puertas de aqui a unos ¿quien sabe si 5 o 30? años de la inevitable desaparición física de los líderes y fundadores de la Revolución.

    Las consigna del empoderamiento de la sociedad civil no es para nada negativa, incluso la comparto. El problema está cuando se enfoca al desconocimiento de la institucionalidad y no a su articulación con el Estado; cuando se emplea solo en pro de su sustitución. Evidentemente otro es el objetivo: asociar al Estado con lo ineficiente y con el obstáculo para el desarrollo y avance de la sociedad cubana, cual si tal discurso pudiera desvincularse del neoliberalismo y la estrategia de dominación global por medio de la enagenación del individuo hacia reductos sociales cada vez más divididos donde se aleje más del bien común y persiga y priorice solo sus propios intereses.

    Continuamos?

    1. A diferencia de lo que tu crees, yo si creo que puede y debe existir una oposición, negar la existencia de la misma nos haría otorgarnos el derecho, desde la posición de mayoría, de ejercer presión sobre minorías que por X o por Y no comulguen ideológicamente con nosotros. Durante años hemos cometido el error de pensar que podemos meter a la sociedad cubana, en su conjunto, en un solo saco y apostatar por formales y políticamente “correctas” unanimidades que lo único que hicieron fue crear una oposición que llena de odios y resentimientos, no cuesta a los dirigentes sino la existencia de un proyecto social que es humano y en teóricamente inclusivo. Esa oposición “leal” que yo prefiero llamar de la “Cubanidad” debe tener la misma voz que tenemos tú yo dentro de Cuba. Pero, y lo reconozco, muy pocos de quienes se definen como “oposición” no pasan de ser seres vacíos idelógicamente y cuya bandera es solamente el desmontaje y en algunos casos, el extremismo.

      Debemos fomentar el pensamiento crítico de quienes quieran hacerlo y eso se construye con instituciones fuertes y representativas, en las que el ciudadano pueda creer, pero también desterrar el concepto de que tenemos la verdad en la mano y también fomentar la existencia de una sociedad que represente de verdad la arquitectura de nuestra sociedad. Esos son los pasos para crear esa oposición de “Cubanidad” a la que apuesto.

      Como bien te dije, no caigo en la desmemoria histórica, reconozco que durante todos estos 55 años Cuba ha tenido y tiene que enfrentar un escenario prácticamente de guerra y de confrontación. De más está decir que mi posición es de repudio a tal hostil política, y como bien dije, creo que el bloqueo o embargo, no debe estar superditado a la existencia o no de un modelo “democrático” que le caiga bien a los ojos de Estados Unidos o de quien sea, porque el modelo que exista en Cuba lo decidimos todos los cubanos.

      La subversión existe, claro que existe, como te dije, estamos en un ambiente de confrontación, respeto mucho y estoy de acuerdo con algunas cosas que Ubieta expresa en su intervención, las pude escuchar en vivo pues estaba presente cuando las dijo, pero también me pregunto: ¿cuál es el grado de responsabilidad que tienen los dirigentes en Cuba? Quién se “convierte” o se deja “subvertir” lo hace, además de por inmadurez o falta de claridad política, también por decepción y te pregunto “¿qué responsabilidad queda de parte nuestra por hacer que gente se decepcione?”

      Cuba y su sociedad se está abriendo a una nueva etapa, más que tener fe en el rumbo de la economía pues hay muchos factores, algunos dentro de la propia mentalidad del cubano, la política y el nacimiento de un pensamiento crítico en Cuba está entrando en una nueva etapa y poco a poco la gente se está dando cuenta que puede participar y pensar, pero también debemos pensar si eso debe venir de la mano de una apertura en lo político, no porque lo digan fuerzas externas sino porque la misma sociedad lo pide.

      Yo me defino como revolucionario pero a la vez como un opositor, no apuesto por desmontar nada, a lo contrario, apuesto por transformar, por reformar, por democratizar. Pero mientras no seamos capaces de entender a la otra persona, a quien piensa diferente, corremos el riesgo de ser pequeños dictadores en potencia. Al menos desde mi formación, de una familia mitad comunista y mitad católica, tengo la convicción de apostar siempre a escuchar a quien no piensa igual que yo.

      Tú y yo no estamos de acuerdo en cosas concretas, pero tenemos coincidencias, para mi es muy bueno sostener este debate contigo. Lástima que se quede en lo virtual.

      1. Entiendo tu visión de la necesidad de criticar lo mal hecho, de cambiar lo que debe ser cambiado. Es necesidad es inherente a la dialéctica y al espíritu revolucionario.

        El peligro, te reitero, desde mi visión, es adoptar un lenguaje impuesto desde fuera, el de la “oposición”, suavícese o matícese con el adjetivo que se quiera.

        Ya nos señaló el Silvísimo:

        “Dijo Guevara el hermoso,
        viendo al África llorar:
        en el imperio mañoso
        nunca se debe confiar.”

        Y precisamente a ello se dedican, a introducirnos términos foráneos que entrañan diversi y divisio nismo, tal cual sucede con “afrocubano”.
        Nuestra institucionalidad contempla las vías políticas y civiles para la queja, para la opinión, para la propuesta. El hecho de que su legitimidad se haya visto afectada –y sea permanentemente minada- no significa que no sean válidas. No me parece necesario reinventar lo que ya existe, sino ser exigentes en su aplicación.

        No creo en la unanimidad formal, pero sí en el consenso constructivo. Las “minorías” que no comulguen ideológicamente, en nuestro contexto, inevitablemente son funcionales a los intereses de lo que en el mundo es mayoría; y no precisamente nosotros somos el mejor ejemplo de ser asumidos por el mundo con una cosmovisión de coexistencia pacífica.
        Esto que propones, la conjugación de ideologías, la comunión de pareceres contrapuestos, la superación del método de la lucha violenta y sucia entre clases por una lucha de ideas y postulados conceptuales, es (sería), no cabe duda, el estado natural de las cosas en un contexto ideal, que lamentablemente no es el que se nos ha impuesto. En la guerra de pensamiento nosotros apelamos a la fuerza de la moral, de la resistencia y a la creación heroica; ellos a la fuerza bruta de la reacción violenta, la sedición intelectual y la perversión espiritual, aplicando en su estrategia el empleo cualquier método en pos de su objetivo, sin importar la ética o la hidalguía.

        Desde donde yo lo veo, no es posible tal cosa como una “oposición leal”. Piénsalo en el seno más pequeño de organización humana: una familia. ¿Crees posible que la coexistencia de esa postura para lidiar con las contradicciones en un núcleo familiar (uno ampliado a 3 generaciones y, digamos, unos 12 miembros, contando abuelos, hermanos, nietos, primos, etc.)? No, para el fomento de espacio a las opiniones, al intercambio, a la comunión de prioridad hacia los intereses esenciales no se tolera, no se hace concebible el asumirlo desde esa postura de desafío y recelo. Una vez más volvemos a la dialéctica y la unión y lucha de contrarios.

        Pero, ¿te imaginas tú ahora, alargando esa mini sociedad al barrio? Piensa que el vecino, dueño de una casona de 3 plantas y garaje de 4 plazas, pretende aprovecharse de tu casa, usarla como basurero, alargar su patio a costa del tuyo, desviar el incómodo calor de su aire acondicionado o mal olor de su baño hacia tus ventanas. Piensa ahora que, para colmo, en función de sus intereses, sabes que a uno de tus hijos lo ha captado con las prebendas de aprovechar su piscina y su barbacoa. El hijo del vecino, de aquel que antaño pretendió por la fuerza darse sus lujos a costa tuya, ahora propone la permeabilidad entre sus muros y los tuyos, y ante tu hijo, discursa sobre la posibilidad de que ambas casas hagan lo mismo, desde la misma base, la suya, o sea, que puedan emitir mutuamente sus olores, invadir y desecharse las basuras, intercambiar los manjares en sus despensas.

        Imagina lo peor, que tu hijo de por superada la época aquella en que oyó los desmanes que causó la guerra intervecinal, ahora perciba que eres un empecinado, que se puede sacar provecho mutuo de tal intercambio, porque, después de todo, su despensa es más grande y su música más envolvente. Y piensa que el heredero de la casona le habla a tu hijo de superar los tabúes y las viejas rencillas y que le “envalentone” a reformar tus conceptos, a desconocer las leyes a darlas por ineficientes, a generar “nuevas” concepciones, que, casualmente, se parecen a las de su sistema familiar, donde hay criadas, cocinera, jardinero, mayordomo…, donde, si el mayordomo se opone, como es su formal derecho por ley, pues es desechado por otro, donde las elecciones del jefe de familia se basan en quién ofrece más y quien promete mejorar el salario o el puesto entre los 2 hermanos que, al final, se reparten luego la tajada por debajo de la mesa. No hay quien tolere entonces la sedición en su propia casa, menos aun cuando se sabe su propósito y la falacia de “bondad” en tamaña inequidad del libre intercambio propuesto, cuando se sabe su capacidad para tirar 10 veces más basura en tu patio que tú y en el suyo; y aun más cuando, el modelo al que aspiras en tu hogar, es uno en que exista responsabilidad por la basura propia y se fomente el reciclaje y la racionalidad y funcionalidad de los espacios y recursos para garantizar una prosperidad adecuada al fomento de la única riqueza ilimitada, la de la espiritualidad.

        Sé que me he puesto quizás… denso, jajaja, pero fue la mejor forma que se me ocurrió de plantearte mi visión de las cosas.

        El hecho o no que trascienda lo virtual nuestro debate no dependerá de más que de la voluntad y la oportunidad.

        1. El texto del Sr. Manzanares es una suerte de ininteligibles argumentos, muchos de ellos sin conexión, pero orgullosamente declaro estar en coincidencia con muchas de las ideas de López-Levy. Espero que no sea pecado ni que me condenen “a lo oscuro”

      2. ¿Crees que yo te estoy condenando a oscuridad alguna?

        Lo verdaderamente lamentable sería no poder conocer yo con cual parte de mis visiones diverges.

        1. Mi querido Cubanauta, no estaremos nunca de acuerdo en la teoría de condenar y hasta pensar que toda esa supuesta “minoría” que piensa diferente sea dañina o esté aliada a pensamientos negativos. Si sé que hay algunos que, desde su extremismo, pueden ser dañinos pues se montan, más que en una agenda de transformaciones, en una agenda de destruir y dividir. Pero creo que podemos y debemos aprender de aquellos que no crean que el Socialismo sea el camino, jamás he aceptado la idea de que debemos pensar que debemos andar con un mazo, por encima de la cabeza de las personas, diciéndole que “el Socialismo es el camino”. El respeto a la libertad de pensamiento no es liberalismo barato ni mucho menos adoptar lenguajes neocoloniales impuestos, es sencillamente una muestra de civismo y de humanismo profundo.

          Como te dije, yo me eduqué en un pensamiento católico y pensar de la forma que tu quieres sería negar basamentos que aprendí desde pequeño. Conversar contigo ya es una prueba, conozco quienes no aguantarían siquiera conversar contigo pero yo, en vez de destruirte o condenarte o mucho menos ponerte etiquetas te escucho y te respeto.

          Lamentablemente esto es algo que no podremos detener, la gente en Cuba poco a poco ganará en libertad de expresar lo que piensa y si pensamos que pensar diferente es un peligro pues entonces a donde iremos a parar.

      3. ¿De cuáles minorías hablas? ¿Qué porciento crees que deban tener sus postulados en la formulación de nuestro futuro? ¿Hasta dónde son irreconciliables? ¿Porqué sientes que tu actitud de propensión al diálogo tiene algo de especial respecto a esos “otros”?

        ¿Acaso he palnteado yo alguna teoría respecto al daño inherente a las minorías? Si no crees en el Socialismo, ¿en qué crees?

        1. Jejeje, has sacado todo un formulario de preguntas. Si me has leído, quizás no lo suficiente, sabrás que soy Socialista y que creo en el sistema social al que él aspira. Pero también creo en la Democracia, en la libertad, en la participación de todos, creo en una economía diferente. De lo que si te puedo decir, y que si soy claro, no me defino como estalinista. Soy un tipo de izquierdas, soy progresista y revolucionario. Espero que esto satisfaga tu “curiosidad”

    2. Entonces nos parecemos más de lo que te empeñas en negar, jaja. Y pa ke veas que las pregunats no terminan nunca, ¿es de mi de quien tienes que marcar distancia? Yo parto de postulados que esencialmente se parecen a los tuyos: 1- tenemos la certeza sociocientífica de el Socialismo es superior al capitalismo en cuanto no promueve lo material por sobre lo espiritual, sino el aporte a la sociedad, no acarrea la depredación del medio ambiente y pretende la justicia en las relaciones de producción; 2- Cuba no está bajo condiciones “normales” en tanto siga existiendo el bloqueo de EE.UU., su guerra mediática y su programa de subversión interna; y 3- la Revolución cubana ha posibilitado un salto cualitativo innegable en cuanto a la dignificación, calidad de vida y el empoderamiento de nuestro pueblo.

      Y, a su vez, creo que coincidimos en que, a pesar de lo avanzado, aun nos resta mucho para alcanzar la sociedad que queremos; esa donde todos puedan equitativamente satisfacer las necesidades básicas -y las no tan básicas también- por medio de una cada vez más correcta relación entre la producción y el beneficio de la misma.

      Sobre la base de esos postulados todo intercambio es, más que posible, necesario.

      1. No estaré de acuerdo contigo en lo referente al empoderamiento, creo que en eso no hemos avanzando, nuestro sistema no ha garantizado un empoderamiento en lo total. Y la crisis de representatividad y la falta de identidad de algunas personas en organizaciones o en que los dirigentes, algunos, se desconecten de las masas, es una señal que en eso no estamos igual.

        Empoderamiento es mucho más que elegir a los delegados a la Asamblea municipal o decir lo que no nos gusta de los Lineamientos o de Código de Trabajo. Es mucho más que eso.

    3. Sí, es mucho más que eso.

      El empoderamiento parte de que esos delegados sean elegibles por la masa, luego supone que se den a la tarea de enfrentar cuanto obstáculo burocrático que enfrenten y continúa por no cejar en el empeño de combatir lo mal hecho.

      El empoderamiento es el derecho legítimo y real de no importar que seas de la procedencia social que seas para representar a tu sector o barrios, en que tal posibilidad no se base en quien tiene más dinero para pagar unos carteles más coloridos, sino en quien tiene más méritos. Sencillamente, a nosotros mismos nos pasa, que no queremos meternos en esa “candela” y luego culpamos a quien la asume, ya sea aun con sus limitaciones o por oportunismo, lo cual, en todo caso, refuerza nuestra inacción hacia un espacio que dejamos de reclamar.

      Empoderamiento es que el cubano sabe (tanto que no concibe otra cosa) que por muy fuerte que sea su postura o planteamiento contra lo mal hecho, jamás será desaparecido o torturado. Empoderamiento es haber sentado las bases elementales para que la sociedad participe soberana y creadoramente.

      El pueblo se empoderó con la Revolución y no hay programa que lance nuestra dirigencia, más acertado o no, que no pretenda su mejoramiento en lo social o en lo económico. Eso, amigo mío, es resultado del empoderamiento.

      Que se te consulte en los lineamientos se convierte en un ejercicio demoicrático más amplio y profundo incluso que una Asamblea Constituyente, pues no solo te permite sentar las bases, sino también proyectar el futuro. El hecho de que estemos más o menos de acuerdo con alguna proyección no es síntoma de otra cosa que no sea la diversidad que entraña el consenso. En lo que sí no podemos dejar de coincidir todos es en su plataforma y principios: el desarrollo sostenible del país bajo un sistema social que sea capaz de preservar las principales conquistas que nos han hecho llegar a donde estamos.

      Salgo esta noche de la red, mañana seguimos?

      Slds

  5. Buen texto…felicidades por sumarte a este debate desde la única forma realmente valiosa: con ideas propias y fundamentadas, sin solidaridades mecánicas y con respeto al pensar diverso….

  6. En cuba si hay una dictadura y totalitaria. En que radica la diferencia como sistema politico entre la dictadura cubana y las que mencionas?

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