El abuelo, el niño y los mariscos


Sábado 9 de noviembre

“Una experiencia única a solo 45 minutos del centro de La Habana”, así nos invita la emisora Radio Taíno a visitar el recinto feria ExpoCuba -el mayor de su tipo de la nación- ubicado a las afueras de la ciudad capital cubana. Pero el viaje hacia tan “único” lugar no fue para nada una “experiencia” de 45 minutos. Desde el centro de la ciudad (municipio Centro Habana) hasta el recinto ubicado en la zona del Parque Lenin (municipio Arroyo Naranjo) dista un viaje de aproximadamente hora y media con dos líneas de autobuses incluidos, una que nos acerque hasta la Plaza Roja –no la de Moscú sino la de la Diez de Octubre- y otra desde la Plaza, para nada Roja, hasta la entrada a ExpoCuba.

No acudí seducido por el llamado radial sino por la intención de asistir a ese museo paradisíaco llamado Feria Internacional de La Habana, a donde los mortales vamos, una sola vez al año, a ver lo mejor de Cuba y lo que llega del mundo. Como todo museo, a este solo se va a mirar y tirar fotos, no se puede comprar lo que se ve, pues no se vende nada y mucho menos está al alcance de nuestro salario; pero como todo museo, siempre uno se puede llevar un souvenir o una foto, esta vez  como recuerdo de la visita a un paraíso curiosamente ubicado a 45 minutos del centro de La Habana.

A la llegada resaltan a la vista dos filas, o colas como le hacemos llamar en Cuba. Una para quienes portan invitaciones o pases diarios y otras para aquellos que, sin ser llamados o invitados por el paraíso, apuestan por pasar un sábado familiar en un museo bien peculiar. A un costado de la cola están, silenciosos y bien camuflados, esos seres adaptados a sobrevivir al margen de las colas y los tumultos: los revendedores. En silencio, y con un grueso de pases en sus manos, son la salvación de aquellos que no fueron invitados y que deseen saltar a la zona de los privilegiados, que siempre es la que más rápido y primero entra. Ignoro cuanto puede costar las entradas que están en sus manos y ni siquiera sé de donde pueden sacarlas, aunque quizás, como dice un amigo, han forjado, de conjunto con los porteros de la entrada, una alianza que permite montar todo un negocio paralelo de enriquecimiento a costa de los pases al paraíso.

Tras una espera de aproximadamente 15 minutos, las puertas del paraíso se abren ante mis ojos y sin un San Pedro a lo cubano ni mucho menos juicio divino, estoy en la tierra de los privilegiados, estoy en la muestra de lo mejor de Cuba en materia de productos comerciales así como una muestra, muy pequeña, de lo que hay más allá del horizonte.

El camino comienza por el Pabellón nacional, como una forma de llevar a cabo aquella gastada y comercializada frase de “Lo mío primero”, pues antes de ver lo extraño, hay que admirar y rendir tributo a lo nacional. Tras cruzar el umbral del pabellón y sumergirme en un mundo de marcas de tabaco, compañías farmacéuticas y biotecnológicas y stands de rones y aguas, comienzo a admirar las potencialidades de exportación de mi país. No está la pasta Sonríe, ni mucho menos el cigarro Criollo, ni el café Hola; está los rones Legendario y Havana Club, el agua Ciego Montero, las cervezas Cristal y Bucanero y el café Serrano. Veo sus stands, sus diseños, el porte de sus encargados de negocios hasta el rostro de las modelos que venden un producto, fruto del trabajo de un cubano anónimo.

Atiborrado de tanto producto “made in Cuba” me encamino, de conjunto con quienes me acompañan, hacia la salida del pabellón con vistas a descubrir que nos viene desde “a-fuera”. Pero el final depara lo mejor.

En un pasillo, semioscuro, una luz reluce, como si invitara al transeúnte a llegarse obligatoriamente a su encuentro. Frente a ella, un grupo pequeño de personas admiraban, como si fuera algo desconocido o quizás lejano, un freezer repleto de camarones, langostas, langostinos y truchas.

Un niño y su abuelo, los más cercanos del grupo al freezer miran con detenimiento aquella escena, que bien se me parecía a la reacción de ver algo por primera vez. Con asombro y duda el niño le pregunta a su abuelo que cosa es aquello que ven sus pequeños e inocentes ojos.

–       Son productos pescados en el mar de Cuba – le responde el abuelo, a quien las arrugas y las betas de cana en su pelo muestran como un hombre de más de 60 años.

Los ojos del pequeño se mantuvieron durante unos segundos admirando el freezer como si quisiera entender en su cabeza que cosa eran aquellas “bichos” mitad congelados y mitad monstruosos.

–       ¿Se comen abuelo? – preguntó el nieto.

–       Si, se comen. – respondió con una sonrisa el abuelo acompañada con la complicidad de los allí presentes. Y toma de la mano al niño y se lo lleva de camino hacia la salida del pabellón.

Suerte tuve de poder documentar, con imágenes, el momento en que, a 45 minutos del centro de La Habana, un niño, que del cual no sé ni sabré nunca su nombre, tuvo la oportunidad de, por primera vez, conocer un manjar, que cual ambrosía, está solo destinado a los habitantes permanentes del paraíso.

Continuará…

Anuncios

17 comentarios en “El abuelo, el niño y los mariscos

  1. Me imagino que el abuelo debe haberse contenido para no poderle decir al nieto la realidad de los mariscos. Jejejeje… Yo no recuerdo la última vez que probé un marisco.

  2. Interesante crónica Yohan, cuando la termino de leer no sé si en realidad reír o llorar. En realidad es triste como muchos cubanos no conocen para nada lo que es los mariscos. Yo sé que es un orgullo contar con productos tan codiciados a nivel internacional, pero ¿qué el pueblo cubano no pueda tener acceso a ellos? Es algo tremendo y he ahí cuando me pongo triste.

    1. En realidad yo creo que este artículo no es nada más que manipulación y mentira. Yo creo q no es nada más que una fachada para montarse en el carro de las críticas. Los mariscos son un tesoro nacional y ese tesoro se usa para exportar y generar ingresos al país.

    2. Eso es como cuando dicen que en Cuba la carne de res esta prohibida… No se cual es la gran tristesa porque la gente no pueda comer habitualmente productos de lujo como son los mariscos… En el mundo hay millones de personas que pasan hambre, que mueren de sed… eso si es triste… y ninguno es cubano…

  3. Yo siempre me he preguntado en realidad a dónde van los mariscos de Cuba y quien se los come. Sé que se usan para la exportación y que muchas veces se usan para solventar varios gastos pero me pregunto, es justo que exportemos un producto del cual los cubanos no saben nada.

    1. Preguntale a los niños chinos que hacen la ropa copiada que te pones si ellos pueden comprarsela… O si usas ropa de marca original, preguntale a los indios que trabajan casi como esclavos en las fabricas de Prada si ellos pueden comprarse tan solo un llavero Prada….

      1. Sabes una cosa, se que pasa eso en el mundo. No soy un marciano y estoy consciente de que son productos de lujo. Pero estamos en Cuba, un país que hizo una Revolución para evitar los lujos y socializar lo que en un momento estuvo en manos de unos pocos, no para quitar los privilegios a unos y dárselos a otra clase. Por eso, como ese fue el objetivo de lo que se hizo en 1959, no me da la gana de aceptar que cosas asi pasen.

    2. Los cubanos que tengan dinero pueden comer todo el marisco que quieran… solo que no se va a dar por la libreta ni se va a racionar, ni se va a vender a precios subcidiados cuando Cuba puede venderlos al precio de mercado para comprar leche en polvo, y mil otras cosas que Cuba no produce… Cuba tiene que producir mucho mas, ser mas eficiente….

      1. Si, es un producto para exportar y para alimentar y hasta para sufragar los gastos de ese niño y de todos. Pero creo que no puede seguir siendo un producto que solo esté destinado para algunos, porque lo peor de todo es que el Estado, o mejor dicho, nosotros mismos, lo subsidiamos para que algunos se lo coman gratis.

  4. Sabes una cosa Yohan, yo nací en la provincia de Cienfuegos, una de las provincias con una de las tradiciones camaroneras más importantes de Cuba. Jamás pude probar camarones, entonces durante un viaje por la universidad, allá por el año 1997 estábamos en una cena creo que en Holanda o en España, no recuerdo bien y entonces nos sirven camarones y cuando indago, eran camarones importados de Cuba. Increíble, ir hasta Europa para comer una cosa que dicen que se da en mi tierra.

  5. Recuerdo mucho la última vez que asistí a una de esas ferias de La Habana, recuerdo que se tiene la misma sensación que has comentado, es como un museo, donde no se toca nada. Podría hacerte miles de anécdotas, desde las colas inmensas hasta las matazones para coger un libro que al final está en inglés o en ruso.

  6. No te sorprendas Yohan, jamás verás lo que le venden a los cubanos en una feria de ese tipo. Abajo la dictadura, Mariscos para la gente.

  7. Sera que el autor conoce tan bien todos los bichos que habian en el freezer que le parece tan extraño que un niño no los conozca? Yo tengo 26 años y no conozco ni a la mitad de esos bichos en la nevera… No veo cual es el punto… Cual es el asombro del autor por ese hecho?

    1. En realidad yo no los conozco, muchos los he visto gracias al poder de la lectura o hasta de los documentales de Discovery. Al parecer no tienes sentido del humor y en segundo lugar no tienes sentido de la interpretación. Vuelve a releer y encuentra el sentido.

  8. He seguido bien de cerca el debate que has tenido Yohan con Helkaraxe. Y creo que debo señalar una frase que has dicho, que a mi modo de ver el trascendental. Yo creo que es cierto que en Cuba Fidel nos prometió en el Moncada quitarle los privilegios a algunos, que si las playas, que si los hoteles, que si los campos de golf. Y ese fue el gran error, pensar que iba a ser posible darle a todos esos privilegios y le hicieron creer eso a las futuras generaciones, pero al final es imposible. Se fueron los sangre azul, pero llegaron los sangre roja y a esos les ha tocado heredar los privilegios.

    Yo sigo defendiendo los ideales de esta Revolución, que le dio trabajo y oportunidad a mis padres y me dio salud y educación, pero eso no me ciega para decir que es injusto e incompatible que sigamos pensando que hicimos las cosas bien y que neguemos que hay cubanos que no saben lo que es un marisco o que es Varadero.

  9. Te cuento una anécdota, mi hoy esposo, me invita a la feria allá por los 97 , habia resuelto dos entradas y eramos amigos , en tanto mirar los productos cubanos no aptos para nosotros, vimos unos panes muy creativos y a toda voz me dice…. mira que cómico, un pan en forma de alacrán….. yo le estaba apretando la mano pero no pude evitar su comentario.Tremenda pena,cuando los allí asistentes rieron, el tenia 31 años y yo 38, ninguno de los dos la habiamos comido nunca, pero yo si asocie la forma, al alimento en cuestión.

Expresa tu opinión en un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s