Improvisación de Roberto Carcassés. Ni aplausos, ni represalias (+ video)


Este coro es facilito. Y todos lo pueden hacer. Porque somos cubanos y queremos muchas cosas. Queremos que regresen nuestros hermanos y muchas cosas más. Y el coro dice así: Quiero, acuérdate que siempre quiero. Yo quiero que liberen a los cinco héroes y que liberen a María. Quiero, acuérdate que siempre quiero. Libre acceso a la información, para tener yo mi propia opinión. Quiero, acuérdate que siempre quiero. Yo quiero elegir al presidente, por voto directo y no por otra vía. Quiero, acuérdate que siempre quiero. Ni militantes ni disidentes, cubanos todos con los mismos derechos. Quiero, acuérdate que siempre quiero. Que se acabe el bloqueo y el autobloqueo.

Con estas palabras, el pasado 12 de septiembre, el músico cubano Roberto Carcassés ha utilizado la Tribuna Antiimperialista y un concierto organizado para una causa nacional -la recordación del encarcelamiento de los Cinco antiterroristas cubanos por parte del gobierno de Estados Unidos- para gritarle a Cuba determinadas peticiones.

En un momento de júbilo total y de inmensa y espontánea participación popular al evento y al llamado de René -algo que, hay que admitirlo, escasea bastante en la Cuba de hoy, en ciertos aspectos siempre más parecida a las sociedades occidentales, caracterizadas por la indiferencia generalizada, sobre todo entre las filas de la juventud- el intento de hacer política ciudadana de Carcassés ha sido un auténtico jarro de agua fría.

No se trata de juzgar las peticiones de Robertico. Carcassés ha ejercido su elemental derecho a la opinión y sobre esto no cabe la más mínima duda. Hubiera podido pedir la ‘liberación del Tíbet’, el cese de la caza a la ballena blanca o que les quiten el Nobel por la paz a Obama, no hubiera sido relevante, no hubiera cambiado el centro de la cuestión que es más bien otro. No ha dicho nada de subversivo, contrarrevolucionario, ni de otro planeta. Al contrario, ha abordado quizás las cuestiones que -hoy día- más pueden interesar a la población de la Isla. Un cambio en los medios de comunicación, la abertura completa a un internet que no cueste más que pepita de oro, un sistema presidencial en vez de uno parlamentario (aunque sobre esto pueden haber distintas dudas y opiniones), una reconciliación nacional que elimine anacrónicas divisiones debidas a las contingencias históricas del siglo pasado. En una sola palabra, el autobloqueo, ese bloqueo interno, a veces absurdo, que sintetiza, contiene y genera muchas contradicciones, reconocidas en varias ocasiones por los mismos dirigentes de Cuba.

Tampoco se trata de otorgar o quitar un específico valor a la actuación del músico. Hubiera podido hacerlo guiado por las más variadas finalidades, para mejorar la vida de los cubanos en la Isla, para obtener el estatus de refugiado político en territorio norteamericano, para promover su grupo o hasta para obedecer las directivas de la mismísima Seguridad del Estado de Cuba, todo esto es irrelevante. Entender las intenciones es un ejercicio completamente innecesario.

Lo que ha ocurrido es que Carcassés ha hecho peticiones sagradas, casi imprescindibles en la Cuba de hoy, pero en un lugar equivocado y en el momento menos oportuno. Esto es lo que ha pasado el 12 de septiembre. Y la cuestión problemática es la consecuencia de su actuación. Roberto se ha convertido en el héroe mediático del momento, en el que desafía al régimen. La prensa internacional, en coro, le ha otorgado mucho espacio por sus valiosas palabras, la cibermercenaria Yoani Sánchez ha publicado un texto de agradecimiento sobre su actuación en el que se solidariza con él y le ofrece su apoyo, muchos cubanos no paran de comentar sus versos.

En otras palabras, Roberto -consciente o inconscientemente- ha robado espacio a la causa de lo Cinco y ha dejado en un segundo plano el principal objetivo de una -hay que repetirlo- gigantesca y espontánea movilización popular. No se trata de juzgarlo, criticarlo o condenarlo. Solamente se trata de analizar las consecuencias mediáticas de su gesto, quizás genuino y necesario pero que ha dado un pretexto más a la prensa internacional para manipular y silenciar las verdades de Cuba. Más allá de esto, nada más y nada menos. No se pretendan aplausos, ni represalias.

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