Vergüenza y mediocridad. Faltante y sobrante…


verguenza (1)Por Raymod J. Sutil Delgado.

Nací en el primer año de la década de los 80, mis padres me enseñaron que es actuar con respeto, educación, responsabilidad, honradez y vergüenza. Así fue mi niñez, pero todo comenzó a cambiar a mí alrededor cuando salí por primera vez de mi casa, para comenzar a estudiar en una “Beca”.

El choque con una realidad que no conocía, que nunca había estado en mis pensamientos, me golpeó y de qué manera, comenzando por el vocabulario de los otros alumnos allí “becados” y del profesor jefe del internado, así como el de muchos profesores. Esta experiencia comenzó en 1997.

Se habla mucho hoy de los valores y de nuestra sociedad socialista, donde se crea cada día el hombre nuevo. Mi pregunta ¿Qué es el hombre nuevo? La definición debe estar en algún discurso de las décadas pasadas, pero la realidad la vivimos cada día: ¿el hombre nuevo de Cuba es aquel que hay que controlar en el trabajo, vigilar en el barrio, registrar en las carreteras, el que trata de “resolver” algo para su bien propio en el centro de trabajo? ¿se ha fallado en los últimos años en el modo de educar a los cubanos? ¿Falta Vergüenza y sobra Mediocridad?.

Para hablar de hombre nuevo, sin duda alguna, hay que hablar primero de los niños y jóvenes nuevos. ¿Qué “valores” son los que enseñan o captan en las escuelas y él hogar? ¿Los futuros “hombres de bien” de nuestra sociedad, son los que hoy celebran las canciones de moda, con sus letras que son fruto o reflejo de la situación y el actuar de muchos habitantes de la isla?. Y no estoy en contra de los nuevos géneros musicales, pero sí de las letras que serán olvidadas con el decursar de los años. El ritmo es pegajoso e invita a bailar hasta el agotamiento, pero existen exponentes de estos géneros que han alcanzado el éxito, sin vulgaridades ni falta de ética en sus líricas.

¿Los futuros “hombres de bien” de nuestra sociedad, son los que como se ha denunciado, y repito denunciado – porque no existe otro calificativo, para las cartas que ha publicado el periódico Granma, sobre el tema de la educación y el respecto en la sociedad -niños y Jóvenes que piensan banalmente? Y nada tiene que ver esto, con una tendencia a lo capitalista o discrepancias ideológicas, simplemente es falta de vergüenza y elogio a la mediocridad, que es el menú de cada día en estos años de la Cuba del siglo XXI.

Ejemplos… innumerables, y como tengo la oportunidad y el espacio para compartirlo, expongo algunos:

Jóvenes que beben alcohol con sólo 14 años o menos en lugares públicos, y se manifiestan en estado de embriaguez faltando el respeto a toda la sociedad.

La venta de bebidas alcohólicas está regulada en los establecimientos estatales a los menores de edad. Pero, al final se consigue (¿Cómo?), y deambulan a altas horas de la noche en las calles. ¿Dónde están los agentes del orden público? Hay que esperar que suceda algo para intervenir si ven a un menor de edad consumiendo alcohol. Constituye un delito grave en cualquier país del mundo – y pongo ejemplos con nombre y apellidos: Canadá, Austria, Suecia, Suiza, Bélgica, Noruega, Australia, entre otros – encontrar a un menor ingiriendo bebidas alcohólicas en lugares públicos, conlleva al encarcelamiento de sus padres por permitirlo.

Las injurias y palabras ofensivas que se escuchan a cada minuto en cualquier parte de este país en lugares públicos, llegando en algunos casos al uso de la violencia física y psicológica, son dichas en su mayoría por niños y jóvenes. ¿Dónde está la educación formal y el respeto que deben profesar estas personas que aún no rebasan, las dos décadas de vida? Las decisiones que se han tomado en el pasado reciente, han hecho que hoy nos encontremos en el lamentable estado actual.

– Escuchar una conversación animada entre exconvictos, en una parada de ómnibus, o en un parque, una terminal, etc, donde hablan de lo duro que fueron en la cárcel, y que de la cárcel se sale, que a él nadie le “metió el pie”, que ya es la segunda vez que “cae preso”… y me pregunto ¿Es un mérito ser sancionado penalmente? ¿Cuál fue la reeducación que se le propició en la prisión? Hoy, en los centros penitenciarios los reclusos cuentan con computadoras, bibliotecas, escuchan conciertos, etc. Tal parece que están “becados” (o mejor) y no cumpliendo una sanción. ¿Cuál será la vergüenza que experimentan, si parece más que le han dado unas vacaciones a un castigo merecido por su accionar? Tratar a todos los seres humanos con respecto, es lo que exige la declaración de los derechos humanos, no más.

El aplaudir el desarrollo a medio hacer de una actividad o producto, por el sólo hecho que ha generado un “esfuerzo” de alguien, y que no se le podía pedir más, es el claro ejemplo de la exaltación y el premio a la mediocridad o la chapucería.

Buscar justificaciones para el no cumplimiento a cabalidad de algo, lleva a la falta de respeto, y a no sentir que el pan se gana con el sudor de la frente, y que se premia igual el esfuerzo verdadero, que el esfuerzo basado en justificaciones. Hay que cambiar el modo de pensar y el modo de vivir. El entusiasmo por el trabajo bien hecho, tiene que ser la motivación de la mayoría, porque trabajar bien y con calidad, sin vanas justificaciones debe significar: Tener para ofrecer.

Encontrar personas de palabras honestas y cumplidoras es una rara excepción, desde trabajadores estatales y funcionarios públicos, hasta los nuevos cuentapropistas. Sacamos las conclusiones que el problema no es el sector de la sociedad que empeñe la palabra, sino, la persona que realiza la actividad, esto se debe a la falta de vergüenza.

Vergüenza se define como: El sentimiento humillante al perder la dignidad, experimentado como consecuencia de alguna falta cometida por uno mismo o por una persona con quien uno está ligado.

Dignidad es una palabra que se escucha en consignas y actos políticos, pero al leer los ejemplos antes mencionados, la prensa escrita, los reportajes en los espacios informativos, los sitios web de debates, etc nos damos cuenta (el que aún no lo sabía) que ya de ese sentimiento no son dueños, ni quieren adueñarse una buena parte de los niños, jóvenes y adultos de este país.

Ese hombre y esa mujer, que somos cada uno de nosotros, hablamos de salvar la tierra. Gabriel García Márquez, habla de cambiar el hombre para cambiar el mundo. Hablemos nosotros los cubanos también, de salvar algo, o mejor dicho, a alguien, al hombre que ha nacido y seguirá naciendo en “la tierra más hermosa que ojos humanos hayan visto”.

Tomado del Blog Elcolimador.cubava

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