¿Qué pasó con el Santa Clara?


columnas-convento-de-santa-clara-liborio-nobalUbicado en la barriada de Belén en el municipio La Habana Vieja se encuentra una edificación que rebosa de historia y simbolismo para la cultura y la arquitectura cubana.  El Convento de Santa Clara, inaugurado en 1644, fue el primer convento femenino que existió en La Habana. La compra fraudulenta del Estado de este verdadero patrimonio nacional fue motivo de la llamada Protesta de los Trece en marzo 1923, bautizo político de Rubén Martínez Villena y Juan Marinello, figuras imprescindibles de la historia cubana.

Hoy, casi a 90 años de aquel suceso, considero pertinente lanzar un llamado de atención sobre la situación actual del Convento. Aunque a diferencia de los sucedido en 1923, no media ni el fraude ni la corrupción en lo que hoy sucede con el Santa Clara, una edificación que está hoy en malas condiciones, ausente de restauración y en claro desuso.

Tengo entendido que en su seno radicó el  Centro de Conservación, Restauración y Museología de la Oficina del Historiador de la capital además de un hotel. Pero la situación actual me confirma que todo aquello ya no funciona dentro del Convento, y que hoy, a pesar de que algunas zonas se mantienen en estado aceptable sobre todo las más cercanas a la calle Habana, el Convento de Santa Clara es una edificación que estamos perdiendo poco a poco.

Que sean las fotos las que hablen…

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9 comentarios en “¿Qué pasó con el Santa Clara?

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  2. Sr Humberto Cardoso , por culpa de Eusebio y su afán de tener tan preciada edificación es que hoy se encuentra en esas condiciones ,,,,Y para aclarar a otros ,ese fue el CENTRO NACIONAL DE CONSERVACION RESTAURACION Y MUSEOLOGIA DE CUBA ,CATEDRA REGIONAL DE LA UNESCO ,,,JAMAS PERTENECIO AL MUSEO DE LA CIUDAD NI SU DIRECTIVA ,,,,

  3. Lamentablemente el conjunto conventual más grande del país se nos cae a pedazos. Desde la calle Cuba vemos dos soberbias yagrumas instaladas en los techos del antiguo hostal y todo el edificio es una ruina. Cerrado a cal y canto no es visible desde la calle el abandono extremo de sus antiguas galerías, aulas, laboratorios, oficinas, biblioteca y talleres de restuaración de pinturas, esculturas, muebles y talleres de arquitectura. Después de un detallado desmonte de cristales, puertas, ventanas, muebles sanitarios, instalaciones de sus laboratorios y talleres y cuanto de útil alguien consideró, es un espacio muerto que debería llevarnos a la reflexión sobre nuestra capacidad real para intervenir, gestionar y proteger al patrimonio nacional fuera de decisiones discutibles.
    El edificio tras la controvertida extinción de su institución sede, el CENCREM, en enero del 2012 se pierde irremisiblemente. Los millones de pesos y dólares gastados por el estado cubano desde 1981 hasta el 2010 para su restauración y conservación, incluido un proyecto PNUD-UNESCO, se han perdido como hojarasca aventada. Hoy es una tambaleante ruina, desocupada y que sin duda exigirá otro súper millonario proyecto y esfuerzo para recuperar.

  4. Convento de Santa Clara-Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM), un triste destino común.

    No suelo tomar parte en estos debates, pero la cercanía al tema me obliga a hacerlo. Estoy convencido de que Leal es un camaleón y un camaján, pero no es el único responsable del destino del edificio del Convento de Santa Clara, aunque su palabra tuvo mucho peso en las desiciones que se tomaron respecto al CENCREM, centro que operaba allí en el momento de su cierre. Es una opinión muy personal basada en lo siguiente: El estado cubano, en la figura del Ministerio de Cultura (entonces Abel Prieto), que a la vez se escudó en el inútil y decadente Consejo Nacional de Patrimonio Cultural, propuso a puerta cerrada el cierre del CENCREM, que desde muy temprano en la década de los 80 estaba a cargo del manejo del edificio del Convento y desarrollaba una reconocida labor de capacitación integral para especialistas nacionales y extranjeros en materia de patrimonio cultural. Esto molestaba a Leal, sobre todo por el hecho de que fue en el CENCREM y no en su Oficina donde la UNESCO decidió instalar una Cátedra especializada en las ciencias de la restauración, con todos los beneficios y el reconocimiento que lógicamente traería consigo. Por otro lado, ni al entonces ministro Abel Prieto o sus subordinados directos les atraía sostener el costoso proyecto del CENCREM en un edificio del siglo XVI, proyecto iniciado cuando Armando Hart era aún Ministro de Cultura y que recibió el apoyo de intelectuales de renombre cubanos y de la arena internacional. En otras palabras: el CENCREM, y por extensión, el Convento que lo acogía, “apestaban”. Llegados los años 2000, y a la sombra de la tan sonada iniciativa de cerrar centros laborales que supuestamente no reportaban crecimiento económico (no era el caso del CENCREM, que contaba con un pequeño hotel, servicios de restauración y capacitación EN MONEDA DURA, ganancias que el Consejo de Patrimonio administraba a su antojo con la anuencia del Ministerio de Cultura), se opta secretamente por sustituir a la presidencia del Consejo de Patrimonio e instalar allí a un personaje de proverbial mediocridad intelectual (léase: Margarira Ruiz Brandi) para facilitar el cierre “cocinado” entre Leal y los secuaces de Abel Prieto (el entonces Viceministro Bernal y compañía). La estampida de cierres era, según ellos, evidente, así que aplastando el criterio de más de 120 trabajadores, entre especialistas y de otros servicios, se anunció la decisión en una sumaria y ridícula reunión. La verdad es que la única institución que borraron de la faz de la tierra, de todas las que supuestamente serían (el horrible término es literal) “resimensionadas”, fue el CENCREM. Todo el mundo sospecha la razón: de todas, era la única que suponía una competencia para la Oficina del Historiador, o al menos eso debió pensar Eusebio Leal, cuyo ego enfermo y megalómano no permite ni la más mínima sombra a su “pulida” imagen de mecenas cultural. De todas, estaba enclavada, para su fatalidad, en la Habana intramuros, feudo semi personal de Leal en muchos sentidos, o al menos hasta donde los que dirigen el país le permiten, según convenga. Súmese a eso el abierto desprecio del entonces Ministro Abel Prieto (ni siquiera visitó al CENCREM en calidad de ministro, sólo puso sus pies allí cuando inauguraron la exposición de los refrigeradores, promovida por su amigote Mayito y diseñada por pintores de gran calibre artístico, es decir, había todo tipo de intereses detrás de su visita) Todo esto es penoso y evidencia la incapacidad real de la clase burocrática en Cuba para tomar desiciones medianamente correctas en temas de sensible importancia para la tan socorrida “memoria nacional”. En resumen: a nadie de los que en ese momento correspondía tomar una buena desición le interesó jamás el futuro de un edificio emblemático en muchos aspectos. Mucho menos a Leal. Atropeyadamente y sin más preámbulo sacaron de circulación a más de un centenar de trabajadores (PESE A SUS PROTESTAS Y ADVERTENCIAS ENVIADAS EN REPETIDAS MISIVAS A LOS PERIODICOS DE MAYOR CIRCULACION NACIONAL E INCLUSO AL CONSEJO DE ESTADO ), desaparecieron a un importante centro científico-cultural, y dejaron abandonado a su suerte al edificio del convento. Tres pájaros de un tiro, y todo de un plumazo. Lo sé de buena tinta porque sufrí el proceso en carne propia. Nadie, absolutamente, de mis antiguos colegas se ha podido recuperar del golpe. Todos coincidimos que fue una injusticia rampante, torpe e innecesaria. Muchos en Cuba así lo piensan aunque no lo expresen públicamente, tampoco es que haya un espacio oficial donde hacerlo. Ya no vivo en Cuba, y cuando escribo esto no me mueve aquí ni el rencor ni el odio por mi país, créanme, sino la mezcla de sentimientos encontrados respecto a un edificio que aprendí a valorar cada día de mis siete años transcurridos en él. Me apena su largo historial de mala suerte y desdén institucional, que a todas luces no termina aún. No es más que el reflejo de lo que puede suceder cuando las bajas pasiones dominan los actos de quienes supuestamente deciden por la mayoría y ejercen su poder de forma torpe y abusiva. Me llamo Jorge y fui trabajador del CENCREM desde el 2005 hasta el día que lo cerraron.

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