Crónicas del pasado: El pulpetín.


hamburguesa-proteína-vegetalEstoy seguro que muchas personas que estarán a punto de comenzar a leer esta crónica nada deben de saber del pulpetín o de su subsistencia. Su existencia y su sabor solo están reservados para aquellos que como yo tuvimos la dicha de estudiar en el Politécnico Fernando Aguado y Rico. Pero personalmente, bendito aquel que se salvó de probarlo, pues en realidad, no se perdió absolutamente nada. Pero, ¿qué es el pulpetín?

Para nada es un platillo hecho con pulpo, ni nada que se le acerque. Quizás su nombre salió de la inventiva del cubano y su habilidad de darle nombres a las cosas, sobre todo a los platillos. Navegando en la  “Red de Redes”  encontré que en Argentina existe un platillo del mismo nombre, es una especie de muslo de pollo que comúnmente se come relleno, según el gusto de cada uno. En otros lugares es una especie de  albóndigas pero que se hacen con pollo.

Del platillo que les voy a comentar, tampoco tiene que ver con pollo y mucho menos con su muslo. El ingrediente esencial es muy común para los cubanos: nuestra vieja amiga, la proteína vegetal.

Pero el “pulpetín cubano” no es picadillo de proteína vegetal sino una hamburguesa de proteína vegetal.

Recuerdo que la frecuencia inicial del pulpetín era de una vez a la semana, pero con el tiempo se volvió algo común; incluso recuerdo que en una semana nos tocó como tres veces. El platillo se hacía acompañar con arroz, chícharo (acuoso), viandas (con preferencia al boniato o la papa hervida) y de un dulce. Muchos compañeros de clases optaron en ocasiones por saltarse el almuerzo para no tener que acudir al pulpetín, y es que en ocasiones el platillo estaba que nadie podía comérselo pues su sabor aunque suavizado con condimentos, llegó incluso a cansar a algunos (entre los que me incluyo).

Los que me conocen de aquella época podrán recordar que como presidente de escuela acostumbré a incluir en mis “intervenciones” en los matutinos la lectura del menú diario. Aún recuerdo mucho que algunos me llamaron “ensalada, vianda y pan” dado que cuando leía el menú tenía una especial forma de anunciar que todos los días el almuerzo estaría acompañado de ensalada, vianda y pan.

Recuerdo que solo en mi primer año, cuando los politécnicos de informática tenían prioridad para el sistema educacional, pudimos degustar excelentes platillos. Recuerdo las colas de los jueves para comer pollo o los días en que daban carne de puerco, con el tiempo el pollo comenzó a reducirse y la carne de puerco era más gordo que carne en si mismo. Con los años, el pollo fue desapareciendo, para dar paso a toda una invasión de proteína vegetal, que aunque muy nutritiva y alimenticia, era un fastidio comerse ese picadillo, las croquetas y el pulpetín.

Pero esta crónica, más que tener un sentido de recordar viejos tiempos tiene un mensaje y varias reflexiones. Y es que uno de los asuntos pendientes por el sistema educacional cubano es la calidad y variedad de la merienda y almuerzo escolar.

Otras crónicas vendrán y algunas tomarán como apoyo mis experiencias en el politécnico, una etapa que puede ser decisiva y hasta frustrante en el curso de la vida de una persona. Por el momento me preparo para almorzar; el menú, muy cubano: arroz blanco, frijoles, pollo frito, plátano…

A la memoria de la profesora Lily Palma.

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