¿Censurar pa´ que no suene?


Confieso quKimba_mediume en muy pocas ocasiones suelo comentar sobre géneros musicales y en este caso sobre el reggaetón, pero un suceso ligado a una de los temas más  “populares” del momento”  ha despertado mi deseo de hablar y reflexionar.

Eran las nueve de la noche y montado en la Ruta 20 (una línea de ómnibus muy recurrente para mí por estos días) resonó una frase cantada bien alto y de manera  melódica por varias voces:

Quimba pa´ que suene… Ah…Ah…Ah… Quimba pa´ que suene

Mi primera reacción fue buscar la fuente, por lo que tuve que dirigirme al final de la guagua. Gran sorpresa causaría en mí observar como seis niños de entre 8 y 10 años de edad eran quienes cantaban o mejor dicho recitaban como si fuera un poema, aquella resonante e inverosímil canción.

Y es que esta canción del grupo Los Principales, se ha vuelto hoy toda una “sensación” en las calles de La Habana (ignoro su alcance en otras provincias o a nivel internacional). Su letra, atrevida y sin sentido, está en las voces de nuestros más pequeños y lo peor es que muchos padres los estimulan a cantarla e incluso a bailarla de la misma manera en que su letra muy pero que muy explicita invita a hacer. Hace unos días me contaron que vieron a una niña pequeña, de no menos de cinco años, jadear al son de tan acalorada tonadilla.

Hace unos meses, el Consejo Nacional de la UNEAC, analizó el tema de la música cubana y estoy seguro que algunas intervenciones de sus miembros giraron  alrededor del análisis de sucesos como estos. Me llamó mucho la atención las palabras de Graziella Pogolotti, quien sugirió hacer un estudio sobre el impacto de la vulgaridad en la música en la sociedad cubana. Y me pregunto, ¿es que esos estudios no se han hecho?

Pogolotti también dijo que la clave no está en censurar, sino en “regular” su promoción en espacios públicos. Algo que estuvo muy a tono con los planes anunciados por el presidente del Instituto Cubano de la Música (ICM), Orlando Vistel, quien anunció la formulación de normas jurídicas que regularán el uso de la música.

Aplaudo fervientemente la disposición del ICM de resolver este tema, pues creo que desde un punto de vista educativo y formativo hay que cerrarles algunos espacios a esas manifestaciones del reggaetón.

Muchos recuerdan el llamado caso Chupi-Chupi hace un año, una tema que aunque menos explicito que el de Los Principales, fue “excluido” de la contienda de los Premios Lucas del año pasado luego de varios reclamos que vieron en su mayoría de miembros de prestigio de la UNEAC. Recuerdo varios comentarios en redes sociales e incluso en las calles (verdaderos foros de debate popular) a favor y en contra del suceso.

el-chupi-chupi

Recientemente varios reguetoneros y promotores musicales han lanzado vía redes sociales campañas en contra de lo que han calificado como “un proyecto de censura del reggaetón”. Digamos que la clave no está en censurar, sino en establecer espacios y accionar desde nuestros medios de comunicación para preservar el buen gusto. Será imposible controlar el fenómeno del reggaetón, sobre todo porque ya es parte de la cultura y de la idiosincrasia del cubano, aunque si podemos frenar el chavacanismo, el machismo y la vulgaridad para que sucesos como el vivido aquella noche en la 20 no se sigan repitiendo.

http://www.youtube.com/watch?v=6QYFjg_s2g8

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