Los anticubanos de Italia: la venganza por un sueño incumplido


Históricamente, los enemigos de la Revolución cubana han sido los que, desde el principio o en temporadas sucesivas, se han opuesto al nuevo modelo social implantado en la Isla tras el triunfo revolucionario de enero de 1959. Se trataba de verdaderos enemigos de la Patria, de personas que ‘por culpa’ de la Revolución perdieron sus antiguos beneficios en la Isla, de personas que de repente se vieron obligadas a renunciar a su posición de dominio en la nueva Cuba que se iba a construir, la Cuba soñada por José Martí, con todos y para el bien de todos.

Hoy en día, una nueva especie de contrarrevolucionarios recorre mi país, mi Italia. Brotan como hongos. Son los anticubanos por venganza, una categoría toda nueva y, por supuesto, no exclusivamente italiana. Se trata, en la mayoría de los casos, de groseros individuos que, paradójicamente, vivieron buena parte de su vida agitando banderas del Che Guevara, recitando a memoria los históricos discursos de Fidel y militando en organizaciones de amistad con Cuba. Son personas que pasaron años gritando al mundo que Cuba era perfecta, que ‘su’ Cuba socialista era el paraíso construido en tierra. Y creían en lo que afirmaban. Era una convicción irrefutable.

Pero ocurrió algo. Llegó el fatídico día de su primer viaje a Cuba y el brutal enfrentamiento con la dura e imperfecta realidad cubana. Decepcionados por no encontrar la tierra prometida, el paraíso en el que creían incondicionalmente, esas personas fueron incapaces de contextualizar la realidad de la Isla. Todos sus conocimientos sobre el bloqueo, las lecturas sobre el terrorismo procedente desde el poderoso vecino, los intentos de destrucción, décadas y más décadas de gloriosa resistencia se anularon con una sola mirada. La imperfección de la Revolución cubana los hizo precipitar en un abismo sin fin, rompiendo su infantil concepción romántica y utópica del socialismo.

Habían viajado a Cuba en busca de un sueño y ahora ese sueño se había roto. O mejor, era evidente que había sido roto por alguien. Y ese mismo alguien tenía que pagar por esa imperfecta revolución, tenía que devolverles la ilusión de una sociedad perfecta. De repente empezó la absurda obra. Había que castigar el culpable de su sueño incumplido y, a la vez, encontrar uno nuevo.

Desde allí hasta la contrarrevolución, el paso fue corto. Cuba se convirtió en lo peor que había en ese mundo, la obra más trágica y malvada. Sentenciaron que de todo el entorno caribeño solamente Cuba era pobre y que lo que empezaron a llamar ‘castrismo’ era el único responsable de lo que vieron en la mayor de las Antillas. Abrazaron el discurso político más reaccionario y asimilaron los más pusilánimes tópicos fabricados en Miami, signo de su desprecio y extrema venganza hacia el bogeyman cubano que había robado sus preciosos y románticos sueños.

La venganza, días tras otro, por supuesto no mitigó su profunda insatisfacción, pero fue reiterada hasta convertirse en un verdadero trabajo. Se abrieron periódicos y blogs. Se escribieron libros. Se hicieron traducciones de largos panfletos contra el gobierno. Se inventaron nuevos ‘héroes’ patrios y se respaldaron ciegamente los viejos terroristas. Todo el mundo tenía que conocer los malos de la Revolución cubana, la tragedia del pueblo cubano y la perfidia de aquel cruel gobierno que insensiblemente había devastado sus fantasías de niños crecidos.

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